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instrumentación

 

     

 

Contenido

historia de un telescopio

la concepción del proyecto

un convertible ecuatorial-dobson

un instrumento en evolución

unas cuantas mejoras

Otros contenidos

Preparación de una caja de oculares

 

El instrumental que empleo habitualmente es mi telescopio reflector de 20 cm de abertura y 120 cm de distancia focal. Está en servicio desde el  3 de marzo de 1978. La óptica fue tallada por el maestro Josep Costas en 1977. El tubo abierto es de perfil metálico y la montura ecuatorial motorizada, marca Carton, es de fabricación japonesa. Un pequeño refractor de 6 cm hace las veces de guía para controlar el seguimiento cuando el telescopio principal está ocupado por la cámara de fotos, la de video o la webcam.

Además, habitualmente utilizo para prospección del cielo dos prismáticos, unos Celestron de 7x50 y unos Alstar de 11x80 con un gran campo y una excelente luminosidad..

Al ocular del telescopio le acoplo según necesidad una cámara réflex Canon EOS 100D, o una Handycam Sony. Las webcam que utilizo son una Philips ToUcam PRO II (PCVC8640K) y una Logitech QuickCam VC .

El lugar de observación habitual es la terraza de mi vivienda en Almàssera (Latitud 39º 30' 56" N, Longitud 00º 21' 18" W), situada a unos cuatro kilómetros al Norte del centro de la ciudad de Valencia. Ciertamente la contaminación lumínica es importante y va en aumento. Sin embargo, aún es posible identificar con facilidad las constelaciones a simple vista.

 

El telescopio de 200 mm

Detalle de la montura ecuatorial

Los prismáticos de 7x50 y 11x80

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historia de un telescopio

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Como en muchos casos, las historias personales son apasionantes y están llenas de anécdotas. Es por ello que no me he resistido a contar aquí algunos episodios de la construcción de este telescopio, esperando que sirva de aliento para los que empiezan y se desesperan por no poseer medios adecuados. 

A mediados de los años 70, la oferta de telescopios en España era mínima (no como ahora) y los precios eran inasequibles para jóvenes adolescente como yo. Así pues, durante más de dos años, todo lo que tuve fueron mis viejos prismáticos de 10x50. Durante unos meses también dispuse de un pequeño refractor prestado de 6 cm con montura azimutal, gran aberración y nula estabilidad.

Los viernes y sábados, junto con otros amigos, "exprimíamos" al máximo el refractor ecuatorial de 8 cm de la asociación.

Aprendidas las nociones básicas de orientación y ya conocidas la mayoría de las constelaciones me decidí por la opción barata, que era construirme yo mismo un telescopio de 20 cm. Las herramientas eran bien pocas: un destornillador, un martillo, una sierra de madera y un taladro, estos dos últimos manuales ya que por entonces no había herramienta eléctrica al alcance de particulares. La experiencia en el manejo de la herramienta era casi nula. En los inicios de este proyecto siempre conté con la inestimable ayuda de mi amigo Tomás Aledón, compañero infatigable en todos los primeros años de afición.

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 La concepción del proyecto

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Esta fue la ecuación que se utilizó. 

Partiendo de dos ideas diferentes obtener una nueva configuración.

Telescopio construido por J.Costas y M.Cortés

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Telescopio ilustrado en una enciclopedia

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Telescopio resultante que construí

 

Estaba claro que la montura iba a ser de madera, dado que era el único material que se podría obtener y trabajar con la herramienta disponible. Las maderas fueron obtenidas de diversos solares, obras y derribos. A veces eran tan grandes que las piezas había que cortarlas en el mismo lugar en que se encontraban para poder trasladarlas a casa. Se ojeaba entre semana y se localizaban las piezas, esperando al fin de semana a que aún estuvieran allí. Una vieja chatarrería en el barrio valenciano de Ruzafa, en la que pasábamos muchos ratos, era nuestro principal suministrador de piezas, tornillería y otros utensilios.

El eje ecuatorial se hizo con un tubo de fontanería con rosca de gas y un par de bridas. De la chatarrería se obtuvieron unas piezas de fundición de 10 mm de espesor que costosamente se serraron a mano y sirvieron de unión para dar solidez a la horquilla. Verdaderamente hay que hacerlo para saber lo que cuesta cortar con una sierra de mano (no eléctrica) unas piezas de fundición de 1 cm de espesor y darles forma, o una vigas de madera de movila de 15x8 cm.

Los perfiles del tubo eran de estantería metálica perforados como los que hay las estanterías de cualquier almacén.

El porta-oculares se hizo con dos tubos de desodorante en barra de diferente tamaño que encajaban entre sí. Los contrapesos fueron hechos de una barra de hierro cortada y taladrada que encontré de nuevo en la chatarrería.

Lo único que faltaba era el objetivo que se compró a Josep Costas y un ocular, que me traje de Devaux-Chevet. Con todo incluido, el coste del instrumento ascendió a 11.000 ptas (66 euros) de 1977. No era un instrumento muy avanzado, pero las óptica era buena y las imágenes proporcionadas no tenían nada que envidiar a los otros instrumentos con los que se comparó.

Claro está, que pesaba unos 50 Kg y montarlo y trasladarlo era una aventura. No estaba motorizado (no conocía a nadie que tuviera un aparato motorizado en aquel entonces), de modo que las manivelas de ascensión recta y declinación eran suficientes. Sin embargo era robusta, tanto que la horquilla era capaz de soportar el peso de una persona.

 

El telescopio durante la fase de construcción y recién terminado. En las imágenes de puede apreciar el eje polar para el que se utilizó tubo de fontanería que, al ser hueco, permitía un centrado del polo celeste rápido y eficiente. También se observa el porta-oculares descrito más arriba y las varillas roscadas que permitían movimientos lentos en ambos ejes. El buscador era igualmente de fabricación casera.

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 Convertible ecuatorial - dobson

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La experiencia me ha ido diciendo que un telescopio se va adaptando a las circunstancias y a la situación personal de su propietario. Como he mostrado, cuando era un joven de 17 años sin recursos económicos, me las ingenié para hacer un instrumento sencillo pero eficaz.

De nuevo, las circunstancias mandan, y al instalarme en mi propia vivienda ya no disponía del mismo espacio. Una montura tan voluminosa era incómoda. Como no quise renunciar a tener un ecuatorial, lo que se me ocurrió fue aprovechar que el tubo era cuadrado para, en los laterales no utilizados para la sujeción a la montura ecuatorial, poner sendos discos de nylon para un acople dobson. Así nació el convertible ecuatorial-dobson, dos monturas para un mismo tubo. Si te interesan más detalles, publiqué un artículo en la revista Tribuna de Astronomía, que puedes leer aquí, con la descripción de este montaje. En las imágenes que siguen, se observa que la vieja montura de horquilla ha sido sustituida por una ecuatorial alemana sobre columna, motorizada y de gran solidez, que permite albergar un tubo de hasta 30 cm de diámetro sin problemas (por si acaso fuera necesario en el futuro). 

 

 

Adaptación del mismo tubo óptico sobre dos monturas diferentes, a la izquierda con la montura ecuatorial alemana y, a la dedecha, sobre montura dobson.

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 Un instrumento en evolución

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De nuevo tuve que adaptarme a las circunstancias. Uno tiene hijos y ya no puede tumbar asientos en el coche para llevar el telescopio. El tubo resulta demasiado largo para introducirlo entero en el maletero. ¿La solución? cortar el tubo en dos secciones. Sin embargo, ya que se hace el trabajo, se hace algo más útil. Es aquí donde nace lo que he dado en llamar la "bombonera". 

 

 

Simplemente consiste en que la sección inferior del tubo tenga dos utilidades, por una lado alberga la celda del espejo principal, por lo cual ya no tengo que montarlo y desmontarlo en cada transporte, y sobre ella, dentro de la "bombonera", se aloja un compartimiento que encaja perfectamente en ella en el que puedo guardar diversos útiles, como herramientas, cables, etc.

 

 

Cuando se acopla al foco del telescopio diferentes accesorios, puede suceder que el recorrido del portaoculares no es suficiente para lograr enfocar la imagen. A mí me sucedió con cámara de video doméstico. Comentando con otros aficionados resultó ser un problema que es más frecuente de lo que parece. Para resolverlo se me ocurrió un sistema sencillo pero eficaz. Monté en un mismo bloque, a modo de caja, la araña del secundario y el portaoculares, montándolo de tal manera que fuera móvil. En mi caso, gracias a dos guías que permiten variar el foco, puedo acercar o alejar el secundario en un recorrido extra de 125 mm, bloqueándolo con dos sencillas tuercas con palomilla en la posición más idónea. Este sistema lleva funcionando perfectamente desde 1999. Las ilustraciones que aparecen a continuación muestran el sistema.

 

La imagen de la izquierda muestra la caja que contiene la araña con el  secundario y el portaoculares Crayford de 2". Todo el conjunto se puede desplazar gracias a las dos guías perforadas que se aprecian a ambos lados del sistema de enfoque.

Las imágenes de la derecha muestran las diferentes posiciones que se consiguen con este sistema.

 

La evolución lógica sería que el cambio de instrumento, quizás un tubo de mayor diámetro hubiera sido el siguiente paso lógico aunque en detrimento de su movilidad. Sin embargo, desde década de los 90 se ha abierto otra posibilidad importante como es el acceso a instalaciones permanentes a una distancia razonable. Así por ejemplo está el CAAT en Aras de los Olmos, observatorio gestionado por la Asociación Valenciana de Astronomía que cuenta con un telescopio SC Meade LX200 de 400 mm de abertura. Otro observatorio es el del CEMA en Crevillente, gestionado por el Círculo Astronómico Mediterráneo, que cuenta con un reflector newton de 400 mm y un refractor apocromático de 155 mm. 

Estas instalaciones cuentan con gran variedad de accesorios que hacen innecesario trasladar cada uno su propio telescopio, montar y desmontar cada vez, frecuentemente es suficiente con llevar cada uno sus cámaras o accesorios. Es más cómodo llegar, abrir la cúpula y comenzar a trabajar. Luego uno se lleva en un CD las imágenes obtenidas. Esto hace que las costumbres hayan variado en cierto modo. Pero no me cuestiono siquiera el desplazarme con mi propio telescopio, al contrario, es algo que me permite disfrutar y compartir buenos ratos y buenos cielos. Pero lo que si que se cuestiona es la necesidad de acometer la construcción de un telescopio grande, que a veces necesita de alguien que ayude a montar y desmontar, incluso de un observatorio, cuando se tiene acceso a instalaciones ya preparadas. 

 

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 Unas cuantas mejoras

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En agosto de 2010, tras regresar de la reunión anual del  RETA, tenía tomada la decisión de reformar todo el tubo del telescopio. De modo que lo desmonté por completo con el fin de lograr aligerarlo en más de 3 kg, y de eliminar la diferencia de tamaña de 5 mm entre los lados de la parte inferior y superior del mismo. El resultado fue óptimo. En un taller local se igualaron los perfiles ranurados y todos los elementos del tubo, algunos de ellos no se habían tocado desde 1978 cuando se puso en servicio el telescopio.

 

En las imágenes siguientes se aprecia la instalación de dos ventiladores de disco duro de PC en la base del tubo, que ayudan a acelerar la aclimatación térmica del espejo primario. Pueden funcionar a pilas o con corriente continua.

Aprovechando que estaba metido en el tema a fondo, también desmonté el buscador que dejó de ser recto para pasar a ser acodado, lo cual facilita la comodidad de uso.

Por último, gracias a la generosidad y buen hacer de Ángel Caparrós, pude contar con un nuevo dispositivo, el PICGOTO, que se ocupa de la localización y seguimiento de cualquier astro, al tiempo que facilita las tareas de autoguiado.

 

 

 

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